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Oficio alfarero
 
 
 
¿De donde procede este oficio? Claramente de los mozárabes.
A mediados del S. IX, el Rey Astur Ordoño I se encarga de repoblar de cristianos la zona de Astorga, en la cual se incluye el actual Jiménez.
Al mismo tiempo en Córdoba, había una importante mezcla cultural: los árabes, los muladíes que eran los cristianos convertidos al Islam, y los mozárabes que eran los cristianos no convertidos al Islam; éstos mozárabes por no querer convertirse al Islam, llegó un tiempo en el que fueron expulsados de Córdoba pidiendo amparo al Rey Ordoño I, el que no dudó en ofrecerles cavidad en sus tierras leonesas.
Fue entonces cuando lo mozárabes que pasaron por estas tierras (hoy Jiménez de Jamuz), decidieron quedarse cuando vieron por su conocimiento del terreno, que había un barro de la misma calidad al que ellos usaban en Córdoba con el cual eran expertos alfareros, oficio que aprendieron de la larga convivencia con los árabes.
De ésta manera se formó un pueblo de cristianos y mozárabes (cristianos cordobeses), formando un híbrido sobre todo cultural, en el que casi todo el pueblo adquirió el conocimiento del oficio alfarero.
En éste pueblo es tal la calidad del barro y el conocimiento de la alfarería, que el propio Gaudí creo moldes de ladrillos y los mandó fabricar, para embellecer con ellos los arcos del Palacio Episcopal de Astorga o también llamado Palacio de Gaudí.
 
Proceso del barro hasta convertirse en un cacharro a través de las manos del maestro alfarero.
 
EXTRACCIÓN
La extracción del barro de la propia tierra se realiza en un lugar llamado el barrero, excavando el terreno y bajo la capa denominada reblo a una profundidad entre metro y metro y medio, se encuentra una capa de arcilla que llamamos barro, ésta hasta hace poco era extraída de la tierra a pico y pala. Éste material es transportado hasta el alfar o alfarería para su preparación, antes de convertirse en manos del maestro alfarero en una pieza cerámica que comúnmente se denomina cacharro, de ahí viene que éste nuestro pueblo es también conocido como "el pueblo de los cacharros".
 
PREPARACION DEL BARRO
El barro sale húmedo de la tierra y es llevado dentro del alfar a La Toña, lugar en el que se seca de forma natural. Una vez seco el barro pasa al Obrador, que es la habitación o antigua portalina donde trabaja el alfarero en la rueda, allí se ablanda el barro en La Barrera para ser amasado encima de un banco de madera, o encima de un lillar (que era la parte alta del Obrador, destinada a poner fuego para calentarse, o incluso para cocinar), el amasado consiste en hacer que la mezcla echa en la barrera de arcilla o barro seco con agua, sea homogénea hasta el punto de que se pueda trabajar.
 
LA RUEDA
La herramienta ancestral que emplea el alfarero para transformar el barro en una pieza cerámica es la rueda o torno, éste instrumento está formado por un eje con dos ruedas, en la parte superior está la rueda pequeña llamada cabezuela, que antiguamente era de madera y hoy es de acero; sobre la cual el alfarero trabaja con sus manos, sujeta a ésta está el eje que a su vez está sujeto a la rueda inferior, que es una rueda de mayor tamaño llamada tablero de madera, el eje que sujeta las dos ruedas está apoyado a través del quicio, que generalmente suele ser de madera de urz sobre una piedra asentada en el suelo.
 
LA CREACCIÓN DE LA PIEZA
El maestro alfarero coge un trozo del barro ya amasado llamado bolo para colocarlo en la rueda llamada cabezuela, en éste momento el maestro alfarero ya puede modelar el barro del mismo modo que ancestralmente se hacia, moviendo con un pie la rueda inferior transmitiendo así una rotación primero al bolo y luego a la pieza en proceso de creación, éste movimiento del pie se hace siempre sincronizado con el manejo de dedos y manos sobre el barro, ajustando siempre la velocidad de la rueda a la necesidad del maestro.
Las manos siempre húmedas y prestas a modelar lentamente el barro, dan tiempo al tiempo, con mimo, con esmero, apurando al máximo la simetría en una pieza que no se para de mover, que sólo el maestro le permite tener vida propia cuando la finaliza y separa de la rueda con un hilo de alambre.
Algunos de los utensilios que emplea el alfarero, para darle forma a la pieza una vez el barro se ha levantado, son: un trozo de cuero para afinar el barro, un recorteador, que puede ser de madera para hacer los bordes o rebajes, y un punzón o palillo de hacer las bocas a las piezas.
Si la pieza cerámica llevara asas, éstas siempre se pondrán cuando el barro se haya secado un poco, para no correr el riesgo de deteriorar la pieza. Una vez finalizada la pieza estará junto con otras encima de una tabla, y ésta a su vez sobre una viga llamada chispero, que se encuentra en el Obrador o en la dependencia contigua, allí permanecerán todas las piezas un par de días para que se sequen un poco, antes de sacarlas al sol para un secado definitivo.
 
DECORACIÓN
Una vez que la pieza esté finalizada y seca, se puede decorar con rayas pintadas con cal, empleando para ello un elemento muy curioso, una pluma del ala derecha de una gallina, una vez seca esta decoración se procede al baño o vidriado de la pieza, para darle brillo en la parte deseada, empleando para ello, una cantidad de agua a la que hay que añadir, antiguamente alcohol de hoja, y en la actualidad un esmalte preparado para ello, una porción de cuarzo, y varias tazas de juaguete, que es el fino poso del barro de la tartera donde moja las manos el alfarero, que servirá para darle cuerpo al vidriado.
 
COCCIÓN
Una vez seco el baño de las piezas, éstas son introducidas en el horno para su cocción. El horno está construido con adobes de barro, con una forma que se asemeja a una torre finalizada en bóveda, en la parte destinada a la colocación de los cacharros se tiene acceso a través de un hueco en forma de puerta, el cual también será cerrado con adobes y barro una vez que el horno esté lleno de cacharros. En la parte inferior del horno justo debajo de los cacharros, hay un espacio destinado para la quema de urzes, lo que le proporcionará a los cacharros la temperatura de 1000 grados o más que necesitan para su cocción. El calor que se produce con la quema de las urzes, pasa a la cámara de los cacharros a través de unos conductos de barro, encargados de distribuir el calor por todo el horno hasta la parte superior, en la cual toma salida un humo negro con un olor muy característico, que puede verse y olerse a una distancia considerable.
La cocción dura aproximadamente de 10 a 11 horas, pasado éste tiempo hay que esperar 24 horas para el enfriado de horno y cacharros, antes de poder sacar y ver por fin las piezas finalizadas.
 
Fotos de alguna piezas tradicionales
Fotos de algunas piezas tradicionales elaboradas en el Alfar-Museo, cocidas en horno de adobes con la quema de urzes, al igual que se hacía antiguamente.
         
   
Botijo   Cántaro de boquina   Jarra de Trampa
         
   
Natera   Jarra   Chamorrillo
 
 
 
 

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